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ROMAN
CATHOLICISM |
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Realmente Conoces A
Maria
by Carlos Tomas Knott |
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"Santa Maria, ruega por nosotros, |
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre del Creador,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Espejo de justicia,
Trono de sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso venerable,
Reina concebida sin mancha original, |
Vaso insigne de devoción,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Confesores,
Reina de todos los Santos,
Reina Asunta al cielo,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil..."
[texto tomado del Santo
Rosario]
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¿Realmente Conoces A María?
Sí, a María, la del Santo Rosario, mejor dicho, la madre de nuestro
Señor Jesucristo. ¿La conoces? ¿Realmaente sabes quién es? Probablemente
piensas que sí, porque te han hablado de ella desde siempre, pero vamos
a ver, porque vamos a examinar el asunto a la luz de la Sagrada Biblia,
la única Palabra de Dios. El Señor Jesucristo dijo que Juan el bautista
era el más grande de los profetas. Sin embargo, cuando a Juan le
preguntaron: «¿Tú quien eres?», él se negó a tomar títulos y
honores, y dijo así: «Yo no soy el Cristo... no soy...no» (S.
Juan 1:20-21). ¡Se hizo cada vez más pequeño, el profeta menguante! Y
cuando insistieron con: «¿Qué dices de tí mismo?» él dijo: «Yo
soy la voz de uno que clama en el desierto...» (S. Juan 1:23).
Algo así ocurre con María. Cierto es que ella fue sumamente bendecida
por Dios para concebir a Jesús, y el ángel le llamó: «muy favorecida»
(S. Lucas 1:28). Ningún verdadero creyente en el Señor Jesucristo niega
esto, puesto que es lo que la Biblia, la única Palabra de Dios, dice.
Pero amigo, de ahí, de lo escrito en la Biblia a los títulos que sus
seguidores celosos le ponen en la letanía de la Iglesia Católica Romana,
hay una gran distancia. Y como en el caso de Juan el bautista, si a
María le dejamos hablar, ella nos dirá quién es. Ella dice: «He aquí
la sierva del Señor» (S. Lucas 1:38). María es una mujer santa; no
es embustera. Ella sabía quien era, y nosotros lo sabemos de su propia
boca.
Juan el bautista, el mayor de los profetas, afirmó lo siguiente
acerca de Jesucristo: «es necesario que él crezca, pero que yo mengüe»
(S. Juan 3:30). Así también fue con María. En S. Juan 2:5 ella se retira,
diciendo a los siervos, y a todos los que quieran escucharle, lo
siguiente acerca de su Hijo: «Haced todo lo que os dijere».Si los
supuestos devotos de María le hicieran caso, de aquí en adelante serían
devotos de su bendito Hijo, el Señor Jesucristo, y no de ella. La clave
para la vida eterna y la gracia de Dios está en el Señor Jesucristo, no
en María. Porque, ¿qué dice el Hijo? Dice: «para que todos honren al
Hijo como honran al Padre». No incluye a María en lo divino o
celestial. Y cuando el Señor Jesucristo habla del cielo, Él dice: «Yo
soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí».
No dijo: «A Jesús por María» sino «A Dios Padre por Jesús». Él, no ella,
es el camino. No te desvíes. ¿Quién es María? El ángel dice: «Muy
favorecida». Ella dice: «la sierva del Señor». El Señor
Jesucristo dice: «Mujer» (S. Juan 2:4). Los apóstoles le conocían
como «María la madre de Jesús» (Hechos 1:14).
Para los verdaderos creyentes y seguidores del Señor Jesucristo, allí
hay cuatro testimonios bíblicos: el de un ángel, el de ella misma, el
del Señor Jesucristo y el de los apóstoles. Sin embargo, hay los que
insisten en exaltar a una mujer piadosa y humilde y hacer de ella lo que
ni un ángel, ni ella misma, ni el Señor, ni los apóstoles hicieron: una
diosa. Reconozco que a los devotos de María les puede doler esto, y no
lo digo con ánimo de ofender a nadie. Pero, con todo amor y firmeza en
Cristo, y prefiriendo a Dios antes que a los hombres, hay que enderezar
lo torcido. El culto rendido a María carece de apoyo bíblico. No hay ni
siquiera un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento de ninguna clase de
culto o lugar especial cedido a ella. ¿Aún te atreves a seguir
haciéndolo sabiendo que Dios no lo enseña ni lo aprueba, ni hay ejemplo
en la Biblia de lo que haces? Entramos aquí en el tema de la honradez,
porque francamente, seguir así en tus trece no es una virtud en este
caso. Si afirmas como verdadero algo que Dios no aprueba, esto no es
honesto ni fiel a Dios, antes al contrario, es pecado, pues en este caso
no es otra cosa que idolatría. Y amigo, debes saber que la María que el
Catolicismo Romano ha fabricado y el culto que ha fomentado y permite
que se le rinda no es nada bíblico. Esta "María", es otra «mujer»
disfrazada como María para que los hombres le rindan culto.
Si eres honesto, tendrás que admitir que nadie en el cielo o en la
Iglesia en el Nuevo Testamento le llama la madre de Dios, porque Dios no
tiene madre, sino que Él es eterno. Es la madre de Jesús, de la
encarnación, la expresión humana de Dios, pero no de Dios. No es madre
de la Iglesia (al menos de la verdadera), porque la Iglesia es una
creación de Dios por el Espíritu Santo, cómo Adán y Eva fueron hechos
sin madre o padre. La Iglesia es la novia del Señor Jesucristo, y ¿cómo
va a ser María la madre de Jesús y de su novia a la vez? Esto no es
místico, no es un misterio sino más bien ridículo. La estimada y
bienaventurada María de la Biblia no es madre de todas las gracias,
porque la gracia procede eterna y exclusivamente de Dios, no de María.
Ella no dispensa la gracia. La gracia tiene su fuente en Dios y en el
Señor Jesucristo, y no en los seres humanos, por piadosos que sean.
María tampoco es el trono de la sabiduría, porque la sabiduría viene de
Dios. El Señor Jesucristo: "nos ha sido hecho por Dios sabiduría,
justificación, santificación y redención" (1 Corintios 1:30). Por lo
cual, concluye el santo apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo:
"El que se gloría, gloríese en el Señor" (1 Corintios 1:31). Los
que rezan el rosario y rinden cualquier clase de culto a María se están
gloriando en alguien que no es el Señor, ni es la María de la Palabra de
Dios. Entonces, esto es un gran pecado del cual hay que arrepentirse, el
pecado de blasfemar, de robar al Señor Jesús de Sus glorias, títulos y
atributos por los cuales Él es digno de ser adorado, y atribuir estas
cosas a otra persona sin autorización divina. La verdadera María no es
reina del cielo, porque para los que conocen su Sagrada Biblia y les
importa lo que dice, saben que el título: «reina del cielo», es
un título idolátrico, de la mitología pagana de Babilonia (Semiramis) y
Egipto (Isis). (Jeremías 44:15-19, 25) Y según el versículo 15, muchos
de sus devotos eran mujeres. Este culto de devoción a mujeres invadió la
profesante iglesia cristiana, cuando bajo el favor de Constantino, los
paganos empezaron a borrar los nombres de sus estatuas de diosas y poner
en su lugar el nombre «María». No es cristiano, ni bíblico, ni
apostólico.
La María de la Biblia ya nos ha dicho quien es ella. El ángel también
ha hablado. Y nuestro Señor Jesucristo ha hablado. Los mismo apóstoles
han hablado. Todo esto constituye un testimonio contundente e innegable,
que merece nuestro respeto y nuestra fe. Estimado lector, si a pesar de
todo eso quieres seguir venerando y haciendo culto a la «María» que la
Iglesia Romana promociona, entonces no eres un cristiano y no te importa
la Palabra de Dios. Serás un devoto pagano de una diosa que le han
puesto el nombre «María» para acaparar a devotos. Te aconsejo en el
nombre de Jesucristo, que si eres honrado, no sigas ciegamente la
tradición, sino que investigues en el temor de Dios, con afán de saber
la verdad y agradar a Dios. Vuelve a leer la Sagrada Biblia y
escudriñarla, y si no ves el culto a María en ella, entonces
arrepiéntete, pide perdón a Dios y desiste de llamar a María títulos que
nadie en la Biblia la llama. ¿No estarías en lo cierto si siguieras el
consejo de la verdadera María y el de Juan el bautista? ¡Claro que sí!
Su consejo es que honres, sigas y obedezcas al Señor Jesucristo. Así que,
confía plena y únicamente en Él. Recuerda, toda la gracia de Dios está
en Él. Toda la salvación de tu alma y todo el socorro que puedas
necesitar en esta vida están en Él. El Señor Jesucristo es el único
mediador, y Él es el único camino de Salvación.
Carlos Tomás Knott
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